Una habitación propia

Me apasiona hacer pan, amasarlo a mano y de masa madre con harina ecológica, pero ecológica de verdad. Hacerlo como siempre se ha hecho, con ingredientes puros y naturales, bien medidos, manteniéndote siempre fiel a las técnicas tradicionales de los buenos maestros artesanales, y respetando los tiempos de trabajo y de reposo que necesitan, para poder así sacarles todo su aroma y sabor.

Hacer pan con mis manos fue en su momento mi  manera particular de hacer meditación, de recuperar mi tiempo para la vida, dentro de un mundo consumido por las prisas. De vuelta a las raíces. Mi casa de repente se invadía del olor del pan recién hecho, trayéndome a la memoria recuerdos de mi infancia cuando todas las mañanas en el pueblo de mi abuelo, Burón (León) -antes de que nos derribaran la casa por el maldito embalse de Riaño- cogía mi bicicleta y me acercaba al horno de pan del pueblo a por la hogaza recién hecha. Eso sí era comer buen pan.

Para mí hacer un libro es como hacer un buen pan de masa madre, sólo que aquí los ingredientes son otros, pero la base es esencialmente la misma. Los largos tiempos de fermentación se sustituyen por los tiempos de reposo que necesita el libro a lo largo de todo el proceso de elaboración y en vez de harina el material base es el papel, compartiendo una misma naturaleza común (ambos proceden, al fin y al cabo, de plantas y fibras vegetales). Un libro se amasa desde la primera hoja, y se saborea y disfruta hasta leer o escribir la última línea. Eso, para mí, es como debe ser un buen libro.

En los últimos meses he sentido la necesidad de volver a encontrar una habitación propia, un tiempo donde dedicarme únicamente a crear de verdad, a disfrutar haciendo con mis manos sin tener prisa por cumplir unos tiempos de entrega, a seguir aprendiendo. Esa habitación propia la he encontrado en una manera muy particular de hacer encuadernación, y lo estoy disfrutando como hacía tiempo que no recordaba.

Este libro que a continuación os enseño es fruto de esos momentos. Está aún sin acabar, ya que me falta terminar de decorar las tapas, pero es uno de los trabajos que más satisfacción me ha dado. Forrado en piel de cabra, cuidado cada paso hasta el más mínimo detalle, y ahora sólo queda terminar de vestirlo. O quizá no. Pero no hay prisa, el tiempo decidirá.

 

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